Mi madre me decía de pequeño: dime lo que comes y te diré cómo eres. No sé si lo decía para animarme con el puchero pero, cuando lo dice tu madre, los dichos se te quedan para siempre.

Ayer pasé a recoger a Dani Daortiz por la estación de Valencia,  tenía un bolo a las 20 horas y llegaba de Madrid a las 13:30 -”madrugada” considerando sus costumbres de cartómago-. Durante la espera me preguntaba cuáles pueden ser los motivos para que Dani sea ese mago genial que todos conocemos y, de pronto, se me ocurrió que a lo mejor mi madre tenía razón y que, probablemente, tenía ante mí una oportunidad única para comprobarlo empíricamente: pasar un día comiento exactamente lo mismo que él para ver si se me pegaba algo.

Llegó el tren. Abrazos:

  • ¿Qué pasa pisha?
  • Muy bien, ¿y tú Dani?
  • De puta madre
  • ¿Tienes hambre?
  • Mucha, anoche actué en el Teatro Encantado y ni siquiera he desayunado

¡Perfecto, Dani estaba en ayunas! El experimento comenzaba bien. Nos dirigimos a mi casa donde tenía el material necesario para una paella de pollo y conejo con caracoles por petición previa del artista malagueño. Mientras la cocinaba tomamos unas almendras tostadas. Sin que él se percatara me comí exactametne las mismas. Teníamos que haber sido cuatro pero, el mago Juan Manuel Marcos no llegó a tiempo de un bolo y Paco Usedo nos plantó por motivos familiares. La decisión fue fácil, a pesar de ser sólo dos haría la paella para cuatro, tal vez así el experimento fuera más efectivo.

 

Dani Daortiz tras la paella

A pesar del tamaño de la paella Dani no se dio cuenta de que se trataba de cuatro raciones y comió hasta llegar a la frontera marcada por la línea imaginaria que une las asas, es decir, que se comió la mitad y yo, lógicamente, me hice con el resto. Todo iba bien salvo que pasamos por una pequeña crisis en forma de modorra para superar el exceso de calorías (la foto superior fue tomada justo en ese instante).

Superado el momento difícil nos sentamos frente a la chimenea para tertuliar un rato mientras liquidábamos el resto de las almendras. Una escena entrañable, dos gordos comiendo almendras tostadas frente al fuego. Aproveché para asar un par de cebollas en las brasas por si nos daba otro apretón para la merienda.

A las 19 horas aproveché la ocasión de acompañarlo al bolo para realizar otro experimento paralelo: ¿resistiría mi moto mi peso y el de uno de los tres Fat Brothers? Ya tuve éxito el pasado verano con el Fat Brother Miguel Ángel Gea -Estepona a Puerto de Santa María- por lo que las esperanzas de éxito tenían fundamento. Me alegra decir que la burra se comportó bastante bien dándole gas por las callejuelas valencianas, y aparcamos puntualmente frente a la puerta del local. Ahora sólo me falta pillar un día a Christian Engblom para completar el trío y finalizar el duro test al que he sometido a mi moto.

 

Dani Daortiz y Pepe Monfort en la moto

Esta vez Dani lo tenía complicado: ¿es posible actuar tras ingerir dos raciones de paella de pollo, conejo y caracoles y pasar la tarde comiento almendras tostadas? Pues bien, aunque parezca imposible, la respuesto no solamente es que sí sino que, por si ello fuera poco, alcanzó un éxito clamoroso, todo acabó con una apoteósica standing ovation, como suelen decir los ingleses. Y, si no, a las pruebas me remito (ver foto).

Había mucho público y, tras el éxito obtenido, un montón de gente se quiso hacer fotos con él, fotos que, a estas horas, ya deben de estar twiteadas y subidas a los amiguetes del Facebook. Son las cosas de hoy en día, pero que hicieron que no pudiéramos irnos a cenar hasta algo tarde. Tuvimos que ir a un chino donde continuó mi experimento.

Pan chino, rollito de primavera, pollo con almendras (otra vez almendras), arroz tres delicias, bolas de helado de chocolate y, para rematar, té verde. Lo calqué todo a la perfección hasta que Dani se fue a dormir.

Hoy, durante el almuerzo matutino, para comprobar definitivamente si mi madre tenía razón, he sacado la baraja y, tras hacer un par de efectos y comprobar el éxito obtenido (¡ejem!), puedo aseguraros, lamentablemente, que mi madre equivocada. Que a pesar de tirarme todo el día comiendo lo mismo que Dani sólo nos parecemos en la barriga aunque, pensándolo bien, durante la comida ¡¡¡él bebió Coca Cola Zero y yo no!!!, yo bebí vino… ¿es posible que la Coca Cola Zero contaminara el experimento?… Tendremos que esperar a una próxima ocasión.

¡QUÉ GRANDE ERES DANI!