Hace varios días apareció en este Blog artículo muy interesante acerca de unos lugares de culto en la magia actual. No se trata de un castillo ni un palacio sino, curiosamente, de una peluquería. Esta es la segunda parte.
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El espectador siempre tiene que hacer algo más que admirar la habilidad del mago. Tiene que participar en el efecto. Tiene que tener un papel además del de espectador. Un efecto tiene que entretener y no ser sólo una exhibición de destreza técnica. Importa mucho cómo arreglas las monedas o las cartas en tu tapete. Tienes que pensar en el efecto visual que se presenta en el último momento mágico de tu presentación. Siempre tienes que tener preparada una salida por si acaso la magia falla. Son los pequeños detalles que siempre importan y ningún detalle es despreciable.
Hablando con él el otro día le pregunté cómo, en su opinión, la magia había cambiado en los últimos treinta años y me respondió que la magia no ha cambiado. Son los magos que han cambiado. Antes de la llegada de la Red y del DVD si uno quería aprender el arte de la magia sus únicos recursos eran las tiendas de magia con sus efectos y sus libros. Las bibliotecas también eran otra fuente de la sabiduría mágica. Los dueños de las tiendas se consideraban como los guardianes de los secretos de la magia y si creían que un efecto no era apropiado para ti entonces no te lo vendían. Con tiempo y práctica y paciencia uno pudo entrar en un círculo de la IBM o de la SAM y así podías pasar a otro nivel de secretos.
Pero hoy en día las cosas son muy diferentes. Puedes comprar cualquier efecto que quieras en el Internet. No tienes que leer ningún libro porque ahora todo te explica en un DVD. Haciendo una búsqueda en Google puedes descubrir casi todo secreto de nuestro arte. Hoy en día no es una gran sorpresa ver a cinco magos hacer el mismo efecto imitando los movimientos y la charla del que inventó el efecto. Estamos en la época de la gratificación instantánea y todos quieren presentar un efecto cinco minutos después de abrir la caja sin saber que no están invitando al espectador a entrar por unos instantes en un mundo mágico sino que están confrontándolo con un puzzle y nada más. Parece que hoy en día hay más magos pero hay menos que son únicos.
Dean Dill es un mago quien es clásicamente moderno. Si, por casualidad, te encuentras en Los Ángeles debes de programar una visita con el peluquero mágico. De allí en adelante verás la magia por un filtro diferente.




Suelen mantenerse discretas y permanecer en un segundo plano y, sin embargo, muchas veces gran parte del mérito de un gran show de magia es suyo. Hablamos de las -generalmente son mujeres- ayudantes de los magos.










