En general, la gente está convencida de que la magia es un arte inocente y alegre, que cuando uno encuentra a un mago cabe esperar que te saque una moneda de la oreja, que te haga un caniche con un globo o que te adivine una carta. Pues bien, esa creencia es totalmente falsa y, cuando uno se mete en magia más pronto o más tarde, se encuentra con magos terroríficos.

Ayer el conde Orlock, mago de alta prosapia, invitó a los magos de La Cuchara Mágica a una cena de hermandad. Arañas, cojones de toro, cojones de gato, dedos de bruja sanguinolentos, patas de pato, todo asquerosamente mortal.

Escribo esta entrada con la emoción que he sentido esta mañana al despertarme y darme cuenta de que Lucifer no ha dormido en mi cama y ¡todavía estoy vivo!…

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La cena del conde Orlock