Para llegar a Pedreguer desde Toledo tracé una ruta que, tras pasar por Albacete, me llevó a la Vall de Gallinera, donde ya casi estaba en casa. Así disfruté de unos cuarenta kilómetros de curvas a través de un paisaje cautivador y pasé por lugares de los que conservo recuerdos entrañables como, por ejemplo, cuando llegué en un Seiscientos a Benissivà con los quintos de mi pueblo para pasar una semana de farra. El bar donde me hinchaba a hacer magia después de las comidas sigue en su sitio como si nada hubiera cambiado.

Mi abuelo, el que está más a la izquierda con el traje, y sus empleados, a la puerta de la fábrica de sombreros
Sumido en esta ruta de los recuerdos llegué a Pedreguer donde, todavía hoy, ostento orgulloso el título de Mago del Pueblo. Sin embargo para mí, quien realmente merece el título de Mago del Pueblo es, y siempre será, mi abuelo Jaime, el primer aficionado a la magia que conocí. Él me llevó al circo donde pude ver a un mago ¡que nos sacaba duros de las orejas!…, me llevó al Salón Parroquial del pueblo donde otro mago, ¡venido de la China!, transformaba unos plumeros de color pasándolos a través de un tubo misterioso.
Yo sabía que todo ello era magia de verdad y me dí cuenta de que para hacerla era tan solo necesario conseguir un objeto mágico como la varita. Pero mi abuelo no hacía varitas, él era sombrerero y fabricaba sombreros de paja. Por eso le pedí que me hiciera un sombrero con poderes, consideré que era lo más apropiado para mi familia. Un sombrero capaz de, tras encasquetármelo y pronunciar unas palabras mágicas, trasladarme de repente a casa de mi amigo Juanjo para jugar mientras mis padres pensaban que estaba durmiendo la siesta; de hacer desaparecer una rana al cubrirla con él; o de congelar mirándolo por debajo del ala al bruto de mi amigo José Luis, justo antes de que me atrapara con sus sucias manos. Un sombrero con poderes totales del que yo nunca jamás me separaría.
Mi abuelo me confesó un día que era complicado hacer un sombrero para una cabeza de alemán como la mía, su manera cariñosa de llamarme cabezón. Otro día se excusó diciendo que, para un sombrero mágico, necesitaba paja de la China, que la China estaba muy lejos y tardaría mucho en recibirla.
Tiempo después, pensando que yo ya había olvidado el sombrero mágico, sacó la baraja, cogió el siete de bastos, el de espadas, y la sota de oros, las lanzó sobre la mesa y me preguntó, on està la mona Pepe?… nunca logré acertar dónde estaba y me emocioné sintiendo que mi abuelo era también mago. Después sacó un Libro de Magia diciéndome que en él se explicaban los secretos de los magos. Lo abrió, me hizo un juego, y me lo enseñó mostrándome los dibujos de una página. Con ese libro, que nunca he recuperado, y con mi abuelo, comencé a aprender magia y a darme cuenta de que los magos tenían que recurrir a trucos. Lejos de menoscabar mi ilusión por la magia, la aumentó porque, en realidad yo sabía, y sé, que solamente tendré que seguir recurriendo a los trucos hasta que llegue la paja de la China con la que fabricar mi sombrero mágico de verdad.
Mi padre, que fue un sobrerero tan grande como mi abuelo, me lo dio todo en su vida, pero no llegó a recibir la paja con la que hacerme el sombrero. Mi hermano es un crack , de los pocos sombrereros de pura cepa que quedan en pie tras estos años tan duros para su gremio. El otro día le reclamé el pedido que años ha le hiciera a nuestro abuelo diciéndole: ya soy mayorcito y no trago con lo de que la China está muy lejos. Entonces él me dijo que, el verdadero problema estaba en que yo, como ya me decía el abuelo, soy un cabezón, que es complicado hacer un molde de la talla 62 y que ya veremos más adelante, que de momento, si quiero teleportarme, que siga haciéndolo con la escúter y que vaya con mucho cuidado.
Eso es todo desde Pedreguer.

Benissivà, en la Vall de Gallinera

Benissivà; plaza junto al bar donde los quintos montamos las farras

Ruta por la Vall de Gallinera




Comentarios
Yo de ti, cuando fuisteis al Congreso Mundial, hubiera cambiado a Giocodimani por un kilo de paja, así hubieras podido fabricar tu sombrero. ¡Perdiste tu oportunidad! ;-P por cierto, muy bonito el post.
Hola Toni, lo malo es que en el mercado de la seda ya ficharon al Gioco y no sé si nos hubieran dado también una copia de paja. Nosotros no podemos pasarles una copia del Gioco: ¡imposible duplicar!
¡Un besote!
Que relato mas bonito… tiene un sabor añejo delicioso… felicidades!
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